lunes, 15 de junio de 2009

Sin título (de momento...)

Tropezó con el último escalón. Se paró, sacó el pie del zapato y se frotó con fuerza el dedo magullado. Rió para sí, se preguntaba si no se estaría convirtiendo ya en una costumbre, o si tropezar con ese escalón no estaría formando ya parte del ritual de cada jueves. Se agachó y observó fijamente el escalón. Pasó los dedos por el borde, sin poder encontrar nada que lo hiciera diferente del escalón anterior, o de cualquiera de los escalones de esos tres pisos. Y volvió a reirse, esta vez de forma audible, y el eco de esa risa inundó toda la escalera. Se preguntó entonces si sería conveniente preguntar a su psiquiatra acerca de estos traspiés, que solo le sucedían en el último escalón justo antes de alcanzar la puerta de su consulta, cada jueves a las seis de la tarde.

Susana no era una psiquiatra muy convencional, de hecho, cuando abrió a Florián la puerta de su consulta pareció que recibía a uno más de sus colegas. Y aunque al principio le puso mucho empeño, le fue imposible asumir el disfraz de mujer fría y distante que tanto le habían recomendado. Se cuidaba, eso sí, de no acabar de copas como le ocurrió en una ocasión con un paciente muy inestable del que acabó fatalmente enamorándose y que le costó diez sesiones en la consulta de su amiga de carrera además de perder al mejor de sus pacientes, el más veterano de todos y muy buen pagador.

-Buenas tardes Susana. Siento el retraso. Volví a tropezarme con ese maldito escalón. Deberías pedirle a la comunidad que lo arreglen.

-Vaya, qué mala suerte tienes. Buenas tardes Florián. Adelante.- le hizo pasar y cerró la puerta.

-Precisamente pensaba comentarte que tal vez esto sea digno de estudio, me refiero a lo de mis tropiezos de cada jueves.

-Creo que aún vienes a mi consulta sin convencimiento. Cuando llegas hasta aquí, caminas con desgana. Y al caminar con desgana, no flexionas la pierna lo suficiente, y por lo tanto, acabas tropezando. Tendrías que ir a un psicoanalista. Puedo recomendarte uno.

-Ni hablar. Prefiero ir al traumatólogo cuando por culpa de tu dichoso escalón acabe con un tobillo roto.

Susana rió y caminó delante de él hasta la puerta de su despacho - Pasa. Siéntate.

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